lunes, julio 06, 2009

Great Singers

Great Singers
Escrito por George T. Ferris

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Opera Anecdotes

Opera Anecdotes
Escrito por Ethan Mordden

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domingo, junio 28, 2009

Placi canta Lucia di Lammermoor

Teatro Municipale di Piacenza
11 Enero 1972
Director: Mario Braggio

A lo mejor a muchos les parece una versión lenta, pasada de moda, quizás pocos la encuentren interesante... como hay tanta opinión distinta para el canto...
Sin embargo, para mi es emocionante, profunda, llena de amor y dolor. Placi tiene un color de voz tan oscuro que hace de este momento salir las emociones mas intensas de la ópera. Su forma de cantar es única, y cuantas más veces se escuche esta versión más se sacarán ideas de interpretación...Donizetti estaría feliz de tener un intérprete así.
Disfruten.

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La crisis como catarsis

Su afán de averiguar la verdad a cualquier precio acaba condenando a Edipo: descubre que no otro sino él es el asesino de su padre y que la mujer con la que yace es su madre. La revelación deslumbra a los espectadores que asisten al autocastigo del pobre Edipo: se revienta las córneas para penar el resto de sus días como un ciego. La catarsis que servía a los griegos para purificarse nos roza hoy las sienes adormecidas por la molicie. Cabe preguntarse si la crisis que ha venido a despertarnos de la lasitud puede servir de acicate: que el arte alumbre tiempos sombríos.

Aunque no le gusta servir de ejemplo, Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) podría muy bien hacer de papel de tornasol. Tras ignorarle durante años, los museos le quieren ahora coleccionar, pero a él no le place que le «almidonen». Hizo ruido su contencioso con el Reina Sofía: cuando el museo le propuso presentar un proyecto, aceptó con la condición de saber lo que habían costado las últimas exposiciones, desde montaje a catálogos, pasando por transportes y seguros. A pesar de que Valcárcel pensaba que esos datos eran de dominio público, el Reina Sofía se volvió erizo. El artista recurrió al Ministerio y al Congreso, pero sólo el Defensor del Pueblo le dio la razón. La exposición se canceló, pero Valcárcel atesora una correspondencia que retrata un fragmento del mundo.

Arte acomodaticio. Valcárcel cree que la crisis ha venido a ayudar al periodismo (este artículo/encuesta es una prueba más): «Creo que se ha marginado el verdadero sentido de la crisis. Ocurre mucho en esta época de embotellamiento de información. La crisis es una cosa muy positiva. El arte siempre está en crisis, en el sentido hermoso de la palabra. El arte es inconcebible al margen de la crisis. Porque un arte acomodaticio no es arte». A Valcárcel la crisis no le quita el sueño: «No me preocupa lo más mínimo. Yo nunca he dejado de estar en crisis. Ni disfruté del boom del mundo del arte ni padezco en este momento. Hay gente que lo está pasando muy mal, y no hay derecho a ello, pero veo cientos de resquicios. En el sentido económico hemos vivido de forma irreflexiva. La misión del arte, y más en tiempos de crisis, es espolear la capacidad y el proceso mental. Lograr creaciones artísticas más relevantes de las que hoy tenemos es fácil. Pero a los profesionales de la creación no les oigo ninguna reflexión al respecto que no tenga connotaciones económicas. Espero mucho de la crisis. Se ha vendido mucha envoltura, que es algo con lo que estamos obsesionados. A ver si así, gracias a la crisis, conseguimos que se renueve algo».

Elevar el espíritu. «Ha cundido la idea de que la crisis, al frenar el consumo, desviará al consumidor frustrado hacia actividades que salen gratis y que, en algunos casos, elevan el espíritu. En este último supuesto se encontraría el arte. El arte como espectáculo, no como propiedad. Se trata, en mi opinión, de una fantasía», asegura el ensayista y escritor Álvaro Delgado-Gal (Madrid, 1953), autor de El hombre endiosado. «Es cierto que la pobreza eleva la demanda de artículos baratos o gratuitos. Pero el arte sólo puede ser disfrutado si se dispone de condiciones -formación, gusto?- difíciles de adquirir, y de imposible improvisación. Así que no creo que la crisis haga al arte, en este sentido, más "necesario". Eso no quita para que acuda más gente a ciertas exposiciones, en el supuesto de que se pueda entrar a ellas sin pagar entrada. Ahora bien, entre entrar en una exposición para pasar el rato sin gastar un euro, o echar la tarde viendo cómo despegan los aviones en Barajas, no veo, la verdad, ninguna diferencia.» El director de Revista de Libros no aprecia «una relación sistemática entre contenidos, contexto y calidad artística. A veces, el drama social o político genera temas, preocupaciones, asuntos. Las uvas de la ira, de Steinbeck, nace de la Gran Depresión; gran parte de la literatura de Solzhenitsin, de la experiencia en los campos de exterminio estalinistas; Primo Levi no habría escrito su gran testimonio sin pasar por Auschwitz; Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica, es una gran película y un poderoso documento de denuncia social. Pero las angustias de Antonioni se sitúan en la Italia desarrollista de los sesenta; Proust se hace como escritor antes de la Gran Guerra, y Joyce la ignora. Picasso y Braque inventan el cubismo antes también de la Gran Guerra, que no les depara ningún tipo de inspiración. Puede ocurrir que un creador explote un drama histórico y social con fines estéticos, sin sentirse comprometido con la realidad humana. Es el caso de Valle-Inclán. Ocurre lo opuesto, es claro, con Goya. Lo más interesante, desde un punto de vista estético, es estimar si un estilo potencia la percepción o glosa de determinados hechos magnos. Es evidente que el cubismo no servía para hablar de la guerra. Ni la Mundial, ni la Civil española. A Valle le importaba mucho menos el ser humano que la construcción de un español literariamente perfecto».

Herencia romántica. Para la poeta y ensayista Chantal Maillard (Bruselas, 1951), «si no entramos en la consideración de que "el arte" es un concepto que entró en crisis hace tiempo y cuyo sentido y finalidad convendría reconsiderar, y nos atenemos a la herencia romántica del término, puede decirse que, en efecto, los malos tiempos son buenos para la introspección, hacen que abandonemos la superficie, donde convivimos en épocas de bonanza, para asomarnos a nuestras carencias más profundas, y el valor de sobrellevarlas. De ahí la necesidad de comunicarlo, de lanzar cabos que otros puedan recoger. Los malos tiempos son un acicate, de repente hay algo que sentir y algo que decir. Pero, en realidad, es una trampa, porque el tema del arte (ese arte) no está fuera, sino en la propia naturaleza humana, los cambios externos nada tendrían que añadir a ello. El ser humano entra en crisis siempre que se ausculta un poco, y las buenas obras son las que nos dicen algo de ese latido». Autora de libros como Hilos o Diarios indios, dice del arte como misión: «Toda misión lo es de una ideología, y poco oído tendrá aquel que se sienta poseedor de claves y respuestas».

Ha demostrado que posee oído para la música y las formas primigenias del teatro con dos montajes celebrados, El Cristo de los Gascones y El auto de los Reyes Magos, que ha escenificado con su compañía, Nao d?amores. Ana Zamora (Madrid, 1975) piensa que «más allá del repertorio abordado, el teatro es un espacio privilegiado y ejemplar de libertad, que confronta maneras de ser, de vivir, de sentir... y por tanto es un hecho político. Es fundamental para la vida en sociedad, tanto en tiempos de crisis, como en tiempos de bonanza». A la pregunta de si la crisis obliga a tratar de hacer un arte más relevante, dice la directora de escena: «Me siento bastante optimista a nivel ideológico, puesto que esta crisis hace que, irremediablemente, toda la sociedad se detenga por un momento y cuestione el sentido de una estructura económica que nos vendían como idílica y que ha resultado ser una engañifa. Los valores del mercado han regido las artes escénicas en nuestro país en los últimos años. Hemos vivido tiempos de una frivolidad indignante en la que sólo había hueco para productos rápidos y de fácil consumo. Ojalá toda esta situación nos haga abordar el teatro desde una perspectiva más humana, más profunda. El trabajo de creación requiere generosidad, y eso es algo que hemos olvidado».

Sublimar lo cotidiano. «El arte surge porque algunos seres privilegiados, los artistas, logran expresar de manera sublime la emoción que todos llevamos dentro, a través de una canción, un texto, una forma, un color?, una imagen. El arte sublima lo cotidiano, nos ilumina, despierta nuestra sensibilidad, estimula, enriquece, abre nuevos caminos? Nos hace mejores. Y ello al margen de cualquier coyuntura, da igual en época de bonanza que de crisis. En tiempo de crisis, el arte es un referente aún más necesario, porque nos ayuda a superar las penurias, las desilusiones, los desencantos... Es como una luz que se enciende e ilumina la cara buena del ser humano, lo que podíamos ser si nos orientáramos hacia la Verdad y la Belleza.» Son palabras del arquitecto César Portela (Pontevedra, 1937), que trata de que sus obras se mimeticen con el entorno o dialoguen -incluso abruptamente- con él, como el cementerio de Finisterre.

La novelista y poeta Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957), que arriesga con cada libro, cree que «el arte, igual que la filosofía o la poesía, es una forma de indagar en eso que llamamos realidad, y es imposible que una situación de crisis, sea cual sea su origen, e independientemente del punto de partida de un autor, no afecte al hecho creativo». Asegura la autora de Disección de una tormenta: «Nunca me ha interesado un arte decididamente "misionero", tendente en mi opinión al análisis simplista. Sin embargo, las situaciones de extrema necesidad, en todos los órdenes de la vida, y por supuesto el económico, nos enfrentan a una inesperada y larguísima galería de espejos, y el azogue es un extraordinario estímulo creativo. En este contexto, no sabría definir lo "relevante"».

«La única misión del arte es tan sólo crear obras artísticas. La regeneración que propone el arte va más allá de situaciones concretas, de coyunturas. Las situaciones más complicadas tienden a provocar un arte más sólido, más consciente, más clarificador. Una creación que busca seriamente hacernos más inteligentes, supuestamente mejores.» Parco en palabras, y amante de la precisión, el fotógrafo Eduardo Momeñe (Bilbao, 1952) ve incentivos en las turbulencias: «Las crisis desaniman al oportunismo, a la adaptación a las modas, a la mediocridad. Todo esto quizás sea malo para el mercado, pero no para la obra artística. Las tormentas se llevan bastantes cosas por delante, pero finalmente limpian el ambiente. La fotografía lo pide a gritos».

Campo del espectáculo. El pintor Prudencio Irazábal (Puentelarrá, Álava, 1954), que regresó a España tras más de dos décadas en Manhattan, ironiza que esta «crisis tan profetizada y publicitada ha de pertenecer también al campo del espectáculo, y es seguro que unos cuantos la tienen en la pared como buen ejemplar de arte de audiencia total». El pintor, que persevera para capturar la gracia de la luz, dice que «el arte tiene que ver con las habilidades y los desarreglos humanos y suele estar desigualmente repartido, haya o no mecenas, abundancia o penuria. Dicho lo cual, apuntemos que esta crisis, más que de crecimiento, que daría origen a un entusiasmo colectivo capaz de alumbrar una nueva visión, tiene el aspecto de un final que se pudre en la decadencia. En el mejor de los casos, estaríamos en el umbral de un período de mar calmo, y así privado del más mínimo viento que nos refresque la espalda. ¿Qué arte va a demandar una época así? No es el tipo de pregunta que uno se hace antes de ir al estudio. Ni el artista más crítico con su trabajo está libre de creer que obra vendida equivale a obra buena». En una vuelta de tuerca irónica, concluye: «Sobra decirlo, todos esperamos que la crisis se lleve por delante al arte y los artistas "superficiales", es decir, a los de la competencia».

«Es difícil saber si hay una "misión" del arte, tanto más porque la belleza estética se ha institucionalizado en los tiempos modernos como aquello que no tiene utilidad ni misión alguna, de manera que, si se hiciera por necesidad, dejaría de gozar de la libertad que le suponemos esencial. Pero es aún más difícil saber si hay en realidad algunos tiempos que no sean de crisis, aunque sean de diferente tipo. No quiero trivializar ninguna situación dramática, pero la crisis es una excusa estupenda para que mucha gente y muchas instituciones dejen de cumplir con su obligación», señala un observador que emplea la filosofía para descifrar el mundo. José Luis Pardo (Madrid, 1954), autor de Esto no es música. Introducción al malestar de la cultura de masas, responde así a la pregunta de si la crisis obliga a hacer un arte más relevante: «Suena extraño que una obra artística surja de una obligación; sin duda, las crisis, además de sugerir temas a los artistas, pueden llenarles de responsabilidad, pero parece difícil pensar que sea esta simple combinación la que haga nacer obras como las de Dostoievski o Galdós. Seguramente había muchos escritores más atentos a las necesidades y crisis sociales de su tiempo que, pongamos por caso, Flaubert o Clarín, pero son las obras de estos últimos, y no las de aquellos, las que siguen siendo un modelo. No sé si son las obras las que nacen de las crisis o son las grandes obras artísticas las que ponen en crisis a las sociedades en las que aparecen, y deben a ello su grandeza».

Con los ojos metidos en un nuevo rodaje, Mercedes Álvarez (Aldeaseñor, Soria, 1966), directora de El cielo gira, cree que «ni el artista, ni el poeta, ni siquiera el intelectual tienen ya el predicamento, la autoridad o la capacidad de influir socialmente que tuvieron en otras épocas. Creo que esto lo admitimos todos y, desde este punto de vista, tampoco creo que la actual crisis económico-financiera deje profundas huellas en el arte. El paradigma tecnológico (la suplantación de lo real) y el mercado omnipresente (el modelo intensivo de producción y consumo) son los verdaderos enemigos del artista; han colonizado la vida, la experiencia y la aventura de vivir. Como veo que, ahora, se pretende salir de la crisis volviendo a incentivar el consumo y la producción, entiendo también que se nos propone salir de esta para volver dentro de unos años a otra crisis más aguda. Pero el arte sólo regresa o se transforma cuando nos deja otra vez desnudos frente al ser, frente a la angustia de vivir; aquella que, como decían Oteiza o Heidegger, sólo el artista puede curar».

La historia se repite. Una angustia que no curará el «¡comprad, comprad, malditos!», ni la perversa variante «¡danzad, danzad, malditos!». Sin ánimo de romper espejos antiguos, miremos la crisis con la perspectiva de Varlam Shalámov (1907-1982), autor de Relatos de Kolimá, que sufrió el Gulag: «¿Por qué escribo? Yo no creo en la literatura. No creo que la literatura sea capaz de corregir al hombre. La experiencia de la literatura humanista rusa ha traído a las sangrantes ejecuciones del siglo XX, que yo he visto con mis propios ojos. Yo no creo que pueda prevenir nada, que sea capaz de evitar las repeticiones. La historia se repite. Y cualquier fusilamiento del año 37 puede repetirse. Entonces, ¿por qué, no obstante todo esto, escribo? Escribo para que alguna otra persona, cuando lea mi prosa, que está muy lejos de la mentira, pueda explicar del mismo modo su vida. El hombre debe hacer algo... Aquí no se trata de una responsabilidad común y normal, sino moral. Esta responsabilidad no la tiene el hombre común, pero en el poeta es imprescindible».

ABCDe las artes Por Alfonso Armada.

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jueves, junio 25, 2009

The Prima Donna and Opera, 1815-1930

The Prima Donna and Opera, 1815-1930
Escrito por Susan Rutherford

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lunes, junio 22, 2009

HOME

Por favor, dispongan de tiempo para ver este vídeo, mejor con pantalla completa y con volumen alto.
Difundan y actúen, salvemos el planeta y recuperemos lo que nos ha REGALADO.
Para ver el vídeo entero pinchen aquí

En los 200.000 años que llevamos los hombres sobre la Tierra hemos roto el equilibrio que durante casi cuatro mil millones de años de evolución se había establecido en el planeta. El precio que debemos pagar es alto, pero es demasiado tarde para ser pesimistas: la humanidad dispone apenas de diez años para invertir la tendencia, darse cuenta del grado de espolio de la riqueza de la Tierra y cambiar su modelo de consumo.

HOME es un largometraje dirigido por Yann Arthus-Bertrand y coproducido por EuropaCorp (Estudio de Luc Besson) y Elzévir Films con el apoyo de PPR. HOME se compone de imágenes aéreas que abarcan los temas medioambientales más importantes, diciéndonos a la vez que aún existen soluciones. HOME se estrenará el 5 de Junio 2009 en todo el planeta y en todos los formatos. El objetivo es llegar a la audiencia más amplia posible y convencernos sobre nuestra responsabilidad individual y colectiva hacia el planeta.


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sábado, junio 20, 2009

Entrevista al M Lorenzo Ramos

El director de orquesta Lorenzo Ramos ha sido recientemente nombrado Director Musical de la Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga. Nacido en Viena, fue el último alumno de Karl Österreicher y es licenciado en dirección de orquesta y diplomado en dirección coral por la Escuela Superior de Música de Viena. Ha participado activamente en diversos cursos de dirección con profesores tan prestigiosos como Eric Ericcson y Helmut Rilling y fue uno de los cuatro directores españoles seleccionados por el Teatro Real para participar en el taller de dirección impartido por Daniel Baremboim en Julio de 2003. Sus interpretaciones gozan del elogio del público y de la crítica, que lo avalan como uno de los jóvenes directores con mayor proyección dentro del panorama nacional e internacional.
Lorenzo Ramos

OpusMusica- ¿Qué nos puede decir sobre su planes al frente de la Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga?

Lorenzo Ramos- Es un proyecto con el que estoy muy ilusionado y en el que quiero involucrarme de lleno. Antes que nada me gustaría decir que para un director joven es todo un reto afrontar un puesto como éste, pues implica mucho trabajo de gestión previo, además de la dirección musical propiamente dicha. Además, la decisión de proponer a un joven director español para el cargo es un gesto ejemplar en el contexto nacional actual, del que las instituciones públicas y privadas deberían tomar buena nota, ya que la sensación que se respira entre los colegas de mi generación es que apenas se nos tiene en cuenta, que no hay igualdad de oportunidades para todos nosotros y que, ni mucho menos, se piensa en nosotros en primer término para puestos de responsabilidad, salvo muy contadas excepciones. Dentro de este colectivo, yo aún me puedo considerar afortunado y todo, pero lo cierto es que en España vivimos aún un complejo de inferioridad en ese sentido, o simplemente existe un gran desconocimiento a nivel de gestores, de los emergentes valores directoriales españoles, frente a la contratación de extranjeros, tanto para los puestos de titularidad como para invitaciones puntuales. Creo que deberían desaparecer definitivamente las distinciones y la marginación reinantes en el panorama nacional y que se debería apoyar con más interés a los directores de orquesta españoles, del mismo modo que se apoya a los creadores en otros ámbitos de la cultura o el deporte (incluyendo el de la música, donde se da prioridad a compositores, cantantes e instrumentistas por encima de los directores).

Hablando ya en concreto de mis proyectos al frente de la Temporada, la línea general que me gustaría plantear, teniendo en cuenta la realidad económica actual, consciente de las limitaciones del presupuesto con el que contamos para desarrollarla, es como la de cualquier otro teatro: tratar de aunar la calidad de los resultados con la cantidad de los recursos invertidos, recurriendo, en nuestro caso, a producciones que no sean excesivamente costosas. En este sentido, al no poder, hoy por hoy, pensar siquiera en una producción propia, el paso intermedio sería coproducir al menos un título anual con otros teatros y alquilar el resto de las producciones, como se venía haciendo hasta ahora.

Personalmente quiero hacer una apuesta firme por jóvenes valores de la lírica españoles, afincados en España y fuera de nuestras fronteras, prestando especial atención a cantantes andaluces y sobre todo malagueños, ya que creo que debería ser un compromiso de cada teatro con su ciudad, contar con los cantantes autóctonos para sus producciones. Abrir las puertas del teatro, en definitiva, a aquellos que puedan aportar una nota de prestigio a su localidad. El caso de Carlos Álvarez es un caso singular pero no debería ser el único y es de desear que no sea el último. Estoy convencido de que, aparte de los concursos, otra forma de que se puedan dar a conocer cantantes como él, es apoyándoles desde el inicio de sus carreras en nuestros (sus) teatros. Un ejemplo claro, sin ir más lejos, lo tenemos en Jerez, donde su Teatro ha apostado por un Ismael Jordi que, a día de hoy, ya cuenta con un prestigio internacional sobradamente acreditado.
El director Lorenzo Ramos

OM- ¿Qué repertorio le gustaría abordar?

LR- Al haber estudiado en Viena mi formación es principalmente germánica, me gustan fundamentalmente el repertorio mozartiano y en general el alemán, aunque también me interesa el gran repertorio italiano y algo del francés. Y por supuesto, como buen español, a pesar de haber nacido en Viena, creo que hay que promocionar nuestra música, y no me refiero sólo al género nacional, eso por descontado, sino a la ópera española, tan marginada de nuestros teatros desde sus inicios. Lo realmente difícil en una temporada con sólo cuatro títulos es poder dar cabida a todo lo que yo considero interesante. Hay que conciliar lo económicamente viable con los gustos y exigencias del público y las mías propias, y eso no es fácil. Es muy arriesgado, por poner un ejemplo, programar una ópera moderna, cuando sólo se pueden hacer dos títulos, o una zarzuela desconocida, frente a otra del repertorio habitual, que ya tiene el éxito asegurado de antemano, pero lo considero una obligación moral para mí. Por eso, en la medida de lo posible, trataré de incluir títulos infrecuentes y confiar en que el público responderá bien. Además, el público malagueño es muy exigente pero también muy fiel y agradecido con su teatro. Existe el prejuicio, ampliamente difundido entre los programadores y profesionales del medio (por intereses particulares o por desconocimiento, no lo sé), de que al público no le gustan más que los títulos habituales. Creo que es un error actuar y pensar así. El repertorio lo creamos entre todos: la voluntad del programador, la calidad de la interpretación (que influye mucho en la aceptación de una obra) y los gustos del público. Haciendo un símil con la gastronomía, si un producto es de calidad y está bien presentado, gustará, aunque no figure entre nuestros platos preferidos. Por desgracia aún no puedo adelantar ideas, puesto que no hay nada cerrado, pero le puedo asegurar que si logramos sacar adelante al menos una de ellas, se hablará de Málaga en los círculos de la lírica nacional.

OM- ¿Incluye la zarzuela en sus planes de programación?

LR- Como le decía, la programación de la temporada malagueña incluye dos óperas y una zarzuela, además de un recital lírico. El esquema es muy sencillo, pero a mí me gustaría variarlo un poco, siempre y cuando logremos contar con una inyección de presupuesto adicional. Un recital con piano es interesante sólo cuando se trae una gran figura de la lírica, y tiene sentido cuando se ponen en escena, al menos, cinco o más títulos al año, algo impensable hoy por hoy, por eso personalmente me inclino por hacer galas líricas con dos o más cantantes jóvenes, no tan conocidos pero de calidad, o sustituir el recital por una ópera de bolsillo o de carácter familiar. Desde mi punto de vista es mucho más interesante.

Entre los proyectos a más largo plazo, además de abordar algún día la producción propia, incluiría encargar una ópera a un compositor malagueño. Además me gustaría diversificar la oferta con ópera para niños o de carácter familiar, para jóvenes y de cámara o de bolsillo (con piano o con orquesta de cámara). Pero todo eso dependerá, como es lógico, de la financiación adicional que consigamos atraer, mediante inversiones públicas o privadas. En las circunstancias presentes no nos podemos arriesgar a ampliar el esquema existente, sin ir en detrimento de la calidad.

OM- ¿Qué opinión tiene de la situación de la ópera en el actual panorama musical?

LR- La Ópera siempre fue un fenómeno de minorías. Hoy por hoy, se está diversificando y tratando de llegar a públicos más amplios, sobre todo, se buscan públicos nuevos, atrayendo a los niños y a los jóvenes. Es necesario renovar el público y darle continuidad, si no el futuro del género será muy negro, al no llenar los teatros, algo que ya sucede en las salas de conciertos. En este sentido son pioneros los programas que impulsan la difusión de la ópera en internet y en las salas de cine, más económicos para el bolsillo de los espectadores, aunque sin la magia de la experiencia en vivo, claro está. Los grandes conciertos en estadios, con la excusa de popularizar el género, y los concursos de televisión, adaptados a la medida del simple aficionado, creo que han hecho y están haciendo más daño que un favor al género, al vender la idea equivocada de que la música clásica es un producto de consumo fácil de entender y de reproducir. Eso es totalmente falso. Ambas aproximaciones requieren un tiempo de maduración, especialmente la interpretación, que se fundamenta no sólo en las cualidades artísticas de la persona, sino también en un estudio serio y profundo, a lo largo de muchos años de formación.

“Los grandes conciertos en estadios creo que han hecho y están haciendo más daño que un favor, al vender la idea equivocada de que la música clásica es un producto de consumo fácil de entender y de reproducir”

OM- ¿Como director siente más inclinación por el mundo sinfónico o por el lírico?

LR- Un director debe formarse en todos los ámbitos y géneros. Sólo será un músico completo cuando haya abordado todos los campos, independientemente de sus preferencias. Personalmente encuentro ventajas en ambos, y en todos ellos, incluido el mundo coral, que siempre he cultivado con dedicación, encuentro aspectos de interés para mi desarrollo profesional y espiritual. Creo que un director de orquesta debe no sólo tener conocimientos sino ejercer la praxis de uno o varios instrumentos, incluyendo la voz. A mí me ha ayudado mucho a entender las voces haber sido durante mis años de estudiante un cantante de coro cualificado. Entre otros, llegué a cantar en el prestigioso Schoenberg Chor, bajo la batuta de Harnoncourt, o en el mítico Wiener Singverein, ambos de Viena, y allí aprendí mucho, no sólo de los directores que nos dirigían, sino también del canto: el fraseo, la respiración, el color, el timbre, etc... aspectos todos ellos muy importantes para un director de orquesta y sobre todo de foso. Hay que saber respirar con el cantante... ¡y con el oboísta! (a veces se olvida que los vientos también tienen que respirar).

OM- Lorenzo Ramos fue Director Artístico y Musical de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial entre 1998 y 2002, y de 2003 a 2005 se encargó de la Dirección del Coro Nacional de España. Ha dirigido además numerosas zarzuelas y óperas en distintos teatros nacionales y con distintas compañías privadas. Ha sido Director Asistente de la Joven Orquesta Nacional De España (J.O.N.D.E.) y Director Titular de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid (J.O.C.M.A.), y ha dirigido las principales agrupaciones corales y orquestales del país, en temporadas de abono, así como en diversos festivales. ¿Cree que este bagaje artístico-profesional le sitúa en la posición idónea para asumir un puesto como el recientemente asumido al frente de la Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga?

LR- Siempre ha de haber una primera vez para todo. En la dirección de orquesta siempre estás debutando en algo: con la obra, con la orquesta, en la sala... El problema es que a los directores se nos suele exigir que tengamos un repertorio y una experiencia previa antes de contratarnos. Es un círculo vicioso, ya que ¿cómo se pretende que uno adquiera la experiencia y el repertorio si éstos sólo se pueden adquirir en la praxis? ¿estudiando en casa con un disco? Un director, como cualquier otro músico, necesita el instrumento para practicar y desgraciadamente no se le suele confiar un instrumento tan valioso (el más caro de todos) a un joven sin experiencia. Por eso, en sus inicios, la carrera de todo director depende de las escasas oportunidades que se le brinden y ha de saber aprovecharlas bien y tratar de dejar una buena primera impresión. Es difícil ganarse la confianza de las orquestas y de sus responsables artísticos y por eso repetir es casi un milagro. Sobre todo porque cuando aún eres joven (digamos, que, conforme al gusto de la moda actual, joven se es en la treintena o por debajo) se te suelen brindar oportunidades, pero cuando pasa ese período, o te conviertes en candidato a titular o eres el eterno invitado o dejas de ser contratado.

“La competencia y la realidad del mercado son encarnizadas, ya que hay muchísimos directores y relativamente pocas orquestas”

La competencia y la realidad del mercado son encarnizadas, ya que hay muchísimos directores y relativamente pocas orquestas. El mayor problema actual de esta profesión, desde mi punto de vista, es el intrusismo generalizado, que ha llegado a unos límites abusivos. Se ha desprestigiado mucho la profesión por las nulas exigencias artísticas de algunos responsables en materia de contratación, que deciden la batuta en función de unos criterios, que poco o nada tienen que ver con la profesionalidad del candidato y sus dotes artísticas. Siempre han existido grandes músicos, instrumentistas, cantantes o compositores que han decidido un buen día coger la batuta (de hecho ese fue el origen de la dirección, cuando los autores dirigían sus propias obras) pero hoy en día cualquiera cree estar cualificado para ponerse delante de una orquesta, incluso sin ser siquiera músico o sin haber pasado por un conservatorio. No es cuestión de dar nombres, aunque los hay célebres, dentro y fuera de nuestras fronteras, que hasta han dado conciertos con la Filarmónica de Viena y han grabado discos para Deutsche Gramophon. Siento ser pesimista pero, como dice Norman Lebrecht en sus polémicos libros, no sin razonarlo previamente, el mercantilismo ha terminado por imponerse al verdadero arte musical.

Terminando de responder a su pregunta, mi desembarco en Málaga viene avalado, aparte de mi formación académica, por diez años de ejercicio de la profesión, en los que he ocupado diversos cargos, la mitad de ellos relacionados con el mundo orquestal y la otra mitad con el mundo coral. Aparte, como director invitado he realizado numerosos conciertos y en el foso he dirigido tanto ópera como zarzuela, tanto en el Teatro Real como en el Teatro de la Zarzuela. Creo que aporto suficiente experiencia al puesto que me han encomendado. Eso sí, tal como dije más arriba, para mí supondrá debutar en el mundo de la gestión y en el foso del Cervantes, aunque no con la orquesta, la cual ya he dirigido en sendas ocasiones. Algunos títulos serán nuevos para mí, otros no.

OM- ¿Cree que es importante tener un repertorio amplio o es mejor especializarse?

LR- Creo más bien que, con el tiempo, es el repertorio el que termina por especializarse en uno. Sé que suena raro decirlo así, pero conforme voy adquiriendo repertorio, así es como yo lo siento. Cuando se es joven hay que dirigir todo lo que se nos ofrece y sobre todo, muchas cosas que quizá no nos gusten (ya que en contadas ocasiones nos van a preguntar qué nos gustaría dirigir), pero es precisamente en éstas, en las que se templa la profesionalidad. Por otro lado, hay que tener sentido común y saber escoger, cuando se nos brinda la ocasión de hacerlo, obras que no supongan un riesgo adicional al hecho en sí de debutarlas (no olvidemos que cuando dirigimos por primera vez una obra de repertorio, la orquesta ya la ha tocado infinidad de veces). Es muy pretencioso pretender dirigir la 9ª de Beethoven o la 5ª de Mahler y no digamos ya la Consagración de la Primavera o la Sinfonía Turangalila cuando aún no se tiene experiencia. Uno puede tener la técnica de batuta suficiente para dirigir la partitura, pero no la madurez humana necesaria para interpretar la obra de arte o enfrentarse a una orquesta/orquestación tan grande. Yo estoy deseando “hacerme mayor” para dirigirlas. Realmente, la vida útil de un director son sus últimos 20 años de ejercicio de la profesión, los primeros 20 son de aprendizaje.
L.Ramos

En mi opinión, aunque, más que nada por un sentido práctico, hoy día se promocione lo contrario, creo que, más importante que tener 30 óperas y 30 sinfonías en repertorio, es cómo se dirige una sola de ellas. Poco importa la cantidad de la música que se tenga “en repertorio” si no se aporta una calidad interpretativa. Yo tengo por principio aceptar pocos compromisos para tener tiempo suficiente de prepararme a conciencia. No siempre gustará el resultado de mi trabajo, pero al menos tendré la conciencia tranquila de haberlo dado todo y de haber hecho las cosas lo mejor que sé. Proliferan los directores que, por falta de tiempo de estudio, por exceso de trabajo, y por tener cierta facilidad, se aprenden las obras en los ensayos. Los músicos los reconocen al instante. No quiero decir con esto que el resultado no pueda ser bueno, pero personalmente me parece una actitud poco respetuosa hacia el autor y hacia la orquesta. Es algo tan absurdo como darle importancia al hecho de dirigir sin partitura por el simple hecho de demostrar que se conoce la obra. Sé de casos que dirigían sin partitura y no se sabían la obra. Existen anécdotas célebres respecto a este tema y una frase que lo resume todo: hay que tener la partitura en la cabeza, no la cabeza en la partitura. Algunos directores sacan la partitura y no la abren en todo el concierto, otros se pierden con ella delante... Yo personalmente prefiero dirigir con ella. Me permite estar más relajado y concentrarme mejor en lo que sucede y en hacer música, sin tener que derrochar mis energías en preocuparme por no cometer una equivocación. Habrá quien, argumentando justo esto mismo, le distraiga tener que mirar la partitura y prefiera lo contrario. No sé, es algo muy personal...

“Mi ídolo siempre ha sido y será Carlos Kleiber, quien podía “presumir” de haber reducido con el tiempo su repertorio a no más de ocho óperas y unas docenas de obras sinfónicas”

OM- ¿Tiene algún director fetiche?

LR- Mi ídolo siempre ha sido y será Carlos Kleiber, quien (y viene a colación de lo que decía del repertorio) podía “presumir” de haber reducido con el tiempo su repertorio a no más de ocho óperas y unas docenas de obras sinfónicas, pero eso sí, ¡qué música hacía cuando las dirigía! Se prodigaba más bien poco, apenas grababa y sus escasas apariciones convertían la ocasión en todo un acontecimiento. Me considero muy afortunado porque durante mis años de estudiante fui testigo presencial de su último Rosenkavalier en la Staatsoper de Viena (1994). Ha sido, sin duda, un mago de la dirección como ningún otro. Si Celebidache era el intelecto de la Música, él era el espíritu mismo. Su forma de dirigir y de ensayar no atendía nunca a razones, ni técnicas, ni de logística. Se dejaba inspirar por la música y eso sólo bastaba para inspirar a cuantos había a su alrededor. Hablaba y hacía música como quien la respira y eso es algo a lo que todos deberíamos aspirar. Y lo más irónico de todo es que el tribunal examinador de la Escuela Superior de Música de Viena, donde muchos de nosotros tuvimos que sudar tinta para licenciarnos, ¡jamás le habría aprobado, por su forma antiescolástica de dirigir! La verdad, yo siempre trato de olvidarme un poco de las estrictas reglas que nos enseñaron allí y dirigir libremente como él, pero ambos son esfuerzos inútiles: lo que se aprende en Viena no se puede olvidar y lo que hacía Kleiber no se puede aprender.


OM- Es inevitable hacer referencia a su orígenes musicales pues Lorenzo Ramos -hijo de Jesús López Cobos- proviene de una familia de honda tradición en la dirección orquestal y operística. ¿Qué le ha aportado a su formación y su trayectoria el pertenecer a una familia de raigambre musical?

LR- Como bien dice pertenezco a una familia de músicos. Mucha gente ignora que mi madre, Gloria Ruiz Ramos, que en la actualidad es profesora de yoga, especializada en músicos, se dedicó profesionalmente al canto durante muchos años, y que fue alumna destacada de Lola Rodríguez de Aragón, así que la herencia es por partida doble. El ser “hijo de...” es en muchos casos, y el mío no es una excepción, una pesada carga, sobre todo cuando se ejerce la misma profesión que el progenitor. Creo que no hace falta decir que la profesión no se hereda genéticamente y que uno debe formarse y aprender y competir igual que el resto de los aspirantes. En mi caso, la única ventaja, (¡que no es poco!), ha sido respirar la música en mi casa desde niño. Ir a la ópera y a conciertos ha sido un aspecto muy importante dentro de mi inclinación posterior por la profesión.

Mi vocación por la dirección fue muy tardía, marché a Viena con 25 años y me licencié con 30. Pero lo más importante es que siempre conté con el apoyo de mis padres y nunca me forzaron a nada. En dos ocasiones estuve a punto de tirar la toalla, al tomar conciencia de la responsabilidad que suponía haber elegido la misma profesión que mi padre y que la cosa no iba a ser precisamente fácil. Pero uno ha de seguir luchando y sólo logra hacerse fuerte en la adversidad y en los retos. Los caminos de rosas no conducen al éxito personal en la vida. El ponerme un nombre artístico no es sino una declaración de intenciones por mi parte. Al final, el mundo se divide entre los que no conocen al tal Lorenzo Ramos, los que lo conocen como “hijo de...” y los que me conocen como soy y por lo que soy. Estas últimas personas son las que desde mis inicios han confiado en mí como persona y como músico y a ellas les estoy muy agradecido, porque no se han dejado impresionar ni positiva ni negativamente por el hecho de ser hijo de quien soy. Por lo demás, nunca he mantenido relaciones profesionales con mi padre. De vez en cuando le pido algún consejo, pero nunca recibí una clase suya ni obtuve un contrato por mediación suya. La única vez que coincidimos, por pura casualidad, fue en la boda del Príncipe de Asturias, en que coincidió su presencia al frente de la orquesta con mi estancia al frente del Coro Nacional. Fue la única vez que me cedió la batuta para dirigir el “Aleluya” de Haendel en la prueba acústica. Un momento muy emotivo para ambos. Durante el resto de la ceremonia él dirigió las obras con orquesta y coro y yo los números de coro a capella. Esa fue la única ocasión en que coincidimos.

OM- Lorenzo Ramos ha grabado cuatro discos al frente de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y un disco de canciones vascas junto a Ainhoa Arteta y la Orquesta Sinfónica de R.T.V.E., para el sello discográfico R.T.V.E. Música. Existen, además, numerosos testimonios audiovisuales de sus conciertos en los archivos de Radio Nacional de España y Televisión Española, desde sus primeras andaduras hasta nuestros días. ¿Tiene en la actualidad planes de nuevas grabaciones?

LR- De momento no. Confío en que lleguen pronto nuevas oportunidades. Tengo un interés especial en grabar música española inédita. ¡A ver si alguien toma buena nota de mi ofrecimiento y me hace una propuesta interesante!

“Tengo un interés especial en grabar música española inédita”

OM- Dentro de su amplio repertorio que va desde el siglo XVI a la música más actual, ¿por qué época o estilo siente una mayor inclinación?

LR- Yo siempre me he considerado un gran admirador de Victoria. Toda mi juventud la pasé escuchando música del gran polifonista español y, en general, de cuanta música del XVI caía en mis manos. Monteverdi y Bach hicieron el resto. Aunque, curiosamente, la primera cinta de música que me regalaron, con 13 años, fue de Chopin, del cual me encantaba tocar sus obras. Así que mi adolescencia la pasé entre música romántica, a partir de los 18 volví la vista atrás, gracias a la Misa del Papa Marcello, que fue la primera obra del renacimiento que escuché y, ya en Viena, seguí con el clasicismo, la ópera y el S. XX. No sé si seguí el orden más indicado, pero a mí me ha funcionado. Ahora me gusta todo.

He perdido la cuenta de los discos que hay en mi colección, pero, al margen de la amplitud, le puedo asegurar que es muy variada. Hay un apartado muy extenso dedicado a la música vocal en todos sus aspectos: desde la étnica, hasta los grupos vocales de jazz, pasando por los especialistas ingleses en toda clase de música coral. Me gustan mucho las “fusiones” de la clásica con el jazz (Jacques Loussier, Uri Caine, etc...) y tengo un apartado dedicado exclusivamente al humor y la música (Les Luthiers, P.D.Q.Bach, G. Hoffnung...), sentido del humor del que ya hice gala en sendos conciertos al frente de la JOCMA, y siempre que tengo ocasión... Por supuesto, se sobreentiende que mi discoteca incluye todo el repertorio sinfónico, operístico y de zarzuela.

Como director me gusta abordarlo todo. Como ya dije, considero que hay que bautizarse en todos los géneros y estilos. Volviendo a mis raíces, soy muy gérmanico pero también muy español. Por resumirlo en una sola frase, con un toque de humor: desde Bach hasta Offenbach, todo me gusta.

OM- En 2006 Lorenzo Ramos recibe una invitación personal de Riccardo Chailly para debutar en Alemania, en la Opera de Leipzig, al frente de la Orquesta de la Gewandhaus, dirigiendo una nueva producción del Ballet de la Ópera de Leipzig. Gracias al éxito cosechado le es ofrecida otra producción de ballet para la presente temporada. En 2007 debuta en Francia al frente de la Orquesta Sinfónica de Tours. Éste es, asimismo, el año de su debut en el foso del Teatro Real, dirigiendo la producción de “Il Tutore Burlato” de Martín y Soler. ¿Qué nos puede decir de estas experiencias y de sus futuros proyectos al margen de la Temporada malagueña?

“En resumidas cuentas puedo decir que cada experiencia profesional me aporta algo nuevo. Es cierto que no todas te marcan por igual”

LR- No sé si tengo espacio para contestar a tanto. En resumidas cuentas puedo decir que cada experiencia profesional me aporta algo nuevo. Es cierto que no todas te marcan por igual. Para mí supuso un espaldarazo muy importante la doble invitación del Maestro Chailly. Cuando los ánimos están bajos una cosa así te revive y te ilusiona. Aunque me siento orgulloso, en el fondo es triste pensar que he debutado en la Ópera de Leipzig antes que en el Auditorio del Escorial, a cinco minutos de mi casa, por decirlo claramente, pero por desgracia, así son y han sido siempre las cosas aquí: para granjearte el respeto de tu propio país, antes has de ganarte el prestigio en plazas extranjeras.

Sin embargo, a pesar de lo mucho que supuso para mí ponerme al frente de una orquesta como la de la Gewandhaus, con sus 400 años de historia y su altísimo nivel profesional, mi debut en el foso del Real fue, con diferencia, uno de los momentos más emocionantes de mi carrera hasta la fecha, por el componente afectivo que siento por ese teatro, que yo conocí en mi infancia como sala de conciertos y del que guardo muy gratos recuerdos.

Este año, además del nuevo proyecto que me aguarda en Málaga, tengo ilusión por una nueva producción del Teatro de la Zarzuela, haciendo “Música Clásica” de Chapí, con motivo del Centenario, así como una invitación de la Oviedo Filarmonía y otra de Orquesta Sinfónica de Hamburgo. El año próximo participaré además en el Festival de Música Contemporánea de Málaga con la Orquesta de Córdoba y en el ciclo de la O.R.C.A.M. Proyectos todos ellos que me apetecen mucho.

OM- ¿Cuál es su aspiración como director de orquesta?

LR- Creo que, ante todo, uno debe tener aspiraciones en la vida como persona. La música no lo es todo para mí. Está mi vida afectiva, mis aficiones (el cine, los libros antiguos y, aunque parece obvio decirlo, los discos)...y el campo. Tengo la suerte de vivir con mi pareja en un lugar idílico a escasos 30 minutos de la capital madrileña, con tiempo suficiente para gastar en ocio. Afortunadamente me puedo repartir el tiempo como quiera y eso es un lujo hoy en día. Lástima que no tenga el trabajo a la vuelta de la esquina, aunque también hago trabajos de edición musical en mi casa. Mis aspiraciones, en contra de lo que muchos puedan pensar, no son dirigir la Filarmónica de Berlín o de Viena, sino volver algún día a esas dos ciudades (que forman parte esencial de mi infancia y de mi vida) y no echarlas de menos en absoluto. Mi mayor deseo es que en mi país se llegue algún día a un nivel de profesionalidad y de oportunidades, si no ya de la altura de aquellas, que al menos me hagan sentir orgulloso de ser un músico y un director de orquesta español.

OM- Y finalmente, ¿qué consejo daría a un joven con vocación por la dirección de orquesta?

LR- Que se forme a conciencia y que se lo tome con paciencia. Ésta es una profesión muy complicada y muy larga y no hay que tener prisas. Hace falta aprender mucho, pero no sólo de música, sino también de psicología, de comunicación, en definitiva, del trato con los demás. La posición del director, ya de por sí, físicamente por encima de la orquesta, ha hecho que muchos caigan en la tentación de sentirse además “por encima”, en el sentido más amplio de la palabra. Un error que hoy día, en que los músicos tienen voz y a veces también voto en las decisiones artísticas, se paga muy caro. No se puede pensar que la orquesta es como un piano y que se pueden tensar las cuerdas a voluntad, como un afinador. Estamos tratando con personas, altamente cualificadas en su especialidad instrumental y con sobrados conocimientos musicales. Por eso, no hay que herir sensibilidades. Pero tampoco hay que dejarse “comer” por nadie. Eso es lo realmente difícil de nuestra profesión: aunar una buena técnica de dirección con una buena planificación de los ensayos, respetando a los demás y haciéndose respetar sin abusar de la autoridad, sabiendo decir las cosas sin que parezca una imposición ni un favor que se está pidiendo, sabiendo cuándo hay que ser flexible y generoso y cuándo firme y exigente. ¡Ahí es nada! Y no es cosa de dos días. Es un aprendizaje que dura toda la vida. Siempre hay que estar dispuesto a aprender algo nuevo. Si uno dice: “ya sé todo lo necesario”, está muy equivocado. En esta profesión cada día es un examen. A mí también me queda aún mucho por aprender y muchas materias de las que examinarme. Las espero y las afrontaré con ilusión.

OM-Agradecemos a Lorenzo Ramos su amabilidad contestando las preguntas de OpusMusica y le deseamos una etapa llena de logros y éxitos artísticos al frente de la Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga.

Opusmusica

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viernes, junio 19, 2009

Singers of Italian OperaSingers of Italian Opera

Singers of Italian Opera
Escrito por John Rosselli

Para leer el libro, pinchen aquí

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